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“Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro.” Hebreos 4:16
Una de las grandes barreras para que una persona se acerque a Dios confiadamente es la desconfianza ¿Y por qué la desconfianza?
Porque a veces se piensa que Dios está tan lejano de nosotros a tal punto que no oye nuestras oraciones.
Porque no es fácil pedir a Dios a quién no se le ve físicamente.
Porque inconscientemente alguien puede estar resentido con Dios por lo que le está pasando y piensa que Él es el culpable.
Se puede seguir enumerando muchas más razones del porqué hay desconfianza en el corazón del hombre para acercarse a Dios. Todo esto se puede superar cuando se tenga la convicción que somos hechura de sus manos y que hemos sido comprados por su sangre bendita derramada en la Cruz del calvario, esto nos dice que somos especiales para Él, y como tal podemos acercarnos a Él en cualquier momento de nuestra vida y bajo cualquier circunstancia.
Hay dos armas que usa siempre el enemigo y le da excelentes resultados para no acercarnos a Dios confiadamente:
La “culpa”, él nos hace sentir culpables delante de Dios por los pecados del pasado o del presente y nos hace creer que no hemos sido perdonados cuando hemos pedido perdón, lo cual trae como consecuencia vergüenza y desconfianza al acercamos a Dios en oración.
La “baja autoestima espiritual”, que nos hace sentir “que no somos nadie para que Él se fije en nosotros” y “que no somos dignos de nada”
Que privilegio para nosotros que podamos “conversar” con nuestro Creador y Salvador y contarle los secretos más íntimos de nuestro corazón. "Acerquemos confiadamente a su presencia, Él nos está esperando, jamás seremos rechazados y descansemos en Él”
Con aprecio y amor.
Hernando y Mary Aparicio