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“Pacientemente esperé a Jehová, Y se inclinó a mí, y oyó mi clamor. Y me hizo sacar del pozo de la desesperación, del lodo cenagoso; Puso mis pies sobre peña, y enderezó mis pasos.” Salmo 40:1-2 RVR1960
Muchas veces en un momento determinado nos encontramos como si estuviéramos en un laberinto, en un callejón sin salida o tal vez dentro de un túnel, o pozo de la desesperación. Así se sienten la mayoría de las personas que atraviesan por situaciones críticas, llenas de dolor y de profunda tristeza. Tenemos que reconocer que la vida humana es frágil y tiene sus momentos buenos, donde se manifiesta la alegría, el bienestar, la tranquilidad, pero también sus momentos malos donde no sentimos impotentes, frustrados y sin saber qué cosa hacer. Hoy reímos mañana estamos tristes. Hoy gozamos de buena salud y de pronto mañana estamos enfermos. Hoy estamos en esta tierra y mañana ya no. Entonces, ¿Cómo podemos enfrentar cada crisis que experimentamos día tras día? Se puede salir adelante con la ayuda de Dios. Cuando ponemos nuestra confianza y nuestra esperanza en Él, podemos salir de cualquier entrampamiento que nos encontremos. Aquí David nos muestra cómo se siente una persona cuando pasa por momentos de angustia, pero también nos muestra el poder salvador y restaurador de un Dios Todopoderoso que te deja ver que en Él siempre hay una luz al final del túnel y que te permitirá salir triunfante. Recuerda en Jesús siempre hay una salida que el hombre no la tiene.
Con aprecio y amor.
Hernando y Mary Aparicio