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“Pacientemente esperé al SEÑOR, y Se inclinó a mí, y oyó mi clamor.” Salmo 40:1
Nuestra confianza en Dios es lo que nos va a permitir tener respuesta frente a lo que necesitamos. Puede ser que la respuesta venga, no como tú lo ideaste, pero viene. El salmista nos afirma que el Señor oyó su clamor. Nosotros tenemos la promesa que Dios oirá cuando le clamemos como resultado de nuestra confianza en Él. Con Dios no existe confianza a medias. O confiamos en Él con todo nuestro corazón o no confiamos. Es todo o nada. Tal como lo hacía David, oraba y esperaba. ¿Cuándo llamamos por teléfono para que nos hagan un delivery cuál es nuestra actitud mientras llega nuestro pedido? ¿Acaso no es de espera, pero con expectativa? ¿y porqué así? Es porque sabes sin lugar a dudas que lo que pediste llegará. Esa misma confianza en la respuesta a tu clamor es la que David nos enseña. Hagamos como David, que esperó confiadamente en el Señor, incluso antes de saber que había sido oído. Esa es la confianza que no se quebranta ante lo negativo que ve u oye y que no tiene que ver aún con nuestros sentimientos. Muchas veces se confía ciegamente en la palabra de un hombre imperfecto que falla, que en Dios que jamás falla. Esa firmeza de ánimo que es el resultado de nuestra confianza en Dios es la que nos sustenta hasta la victoria.
Con aprecio y amor.
Hernando y Mary Aparicio