¿Quieres leer con música?

Dale Play

¡Shalom!


Ten presente que el no aprender es peor que la prueba misma.

 

“Él nos consuela en todas nuestras dificultades para que nosotros podamos consolar a otros. Cuando otros pasen por dificultades, podremos ofrecerles el mismo consuelo que Dios nos ha dado a nosotros.” 2 Corintios 1:4 NTV

Cuando termina una prueba, una crisis, un desierto, un momento difícil, muchas veces nos quedamos con todo el sufrimiento, tristeza o dolor que trajo el hecho de enfrentar esos tiempos de dificultad y mayormente lo tomamos como algo negativo. El problema es que dejamos pasar por alto la enseñanza que nos dejaron esas experiencias vividas con tanta intensidad y empezamos a creer que estamos solos, sin la ayuda del Señor. 

Generalmente no entendemos la razón por la cual suceden algunas cosas, sobre todo cuando estamos pasando por un tiempo difícil, sin embargo, aunque parezca contradictorio, es el mejor momento para enfocarnos en el aprendizaje porque nos permitirá crecer en madurez, fe, valentía, fortaleza y carácter.

Las lecciones más grandes en la vida nos cuestan generalmente muy caro, pero lo aprendido nadie nos quita. Cuando tú eres el protagonista, es muy difícil que veas las cosas con claridad porque más te enfocas en la dureza de la prueba que en las enseñanzas que estás traen.

Muchas personas transitan esta vida con una actitud totalmente cerrada a la posibilidad de aprender y crecer y esto trae mucha frustración en las personas. Pregúntate ¿Puede mi sufrimiento ayudar a otros?, ¿Puede la tristeza vivida ayudar al que sufre? ¿Puede mi experiencia de angustia ayudar al desesperado? ¿Será que de ese momento de crisis puede salir algo bueno que ayude a otros?’ Cuando pasas por momentos de prueba, tienes dos alternativas: rendirte o crecer.

Pedro tembló cuando le preguntaron: “… ¿No eres tú de sus discípulos? Él negó y dijo: ¡No lo soy!” Juan 18:25. Pero luego se arrepintió y volvió a entablar una relación con Jesús, después de su resurrección, fue lleno del Espíritu Santo y acabó dirigiendo la iglesia. ¡Lo aprendido no tiene sustituto!

Tarde o temprano te enfrentarás a momentos difíciles propios de la vida y muchas veces no sabrás humanamente como enfrentarlos, a menos que estés convencido de que NO estás solo en medio de la dureza de esos momentos difíciles y que el Señor está caminando de la mano junto contigo hasta el final.

Es trágico pagar el precio y no aprender la lección, sin embargo, eso ocurre a menudo. Al final de cada día puedes hacerte dos preguntas que te ayudarán mucho: 

¿Realmente, Él Señor estuvo conmigo hoy? Tú respuesta será elaborada en base a la convicción y fe que tengas en El Señor Jesús. 

¿Qué he aprendido hoy? El no aprender es peor que la prueba misma. Lo vivido también te servirá para ayudar a otros. ¡Un abrazo de Dios para cada uno de ustedes!

Con aprecio y amor.  
Hernando y Mary Aparicio